2 Mi lactancia materna (frenillo sublingual corto)

Con motivo de la Semana Mundial de la Lactancia Materna (del 1 al 8 de Agosto) me gustaría hacer una serie de post enfocados en mi experiencia con la LMEAD.

Amamantar no tiene que doler, no tiene que ser difícil ni estresante. Es una experiencia que cuando todo va bien es maravillosa. Pero ¿qué pasa cuando esto no es así?

Con mucha pena tengo que decir que nuestra lactancia ha sido muy dura pero después de 4 meses y todas las penas y alegrías, no lo cambiaría por nada. Y parto de aquí porque contando mi experiencia lo último que quiero es desanimar a ninguna mamá, al contrario, imaginaos si después de todo puedo decir que es una experiencia inigualable.

Cuando estaba embarazada pasé por muchos estadios, desde el inicial “no creo que eso del pecho sea para mí“, al “mi niño va a tomar teta” (así, afirmado con rotundidad). Y es que a medida que más leía y me informaba sobre los beneficios en todos los sentidos de la lactancia materna me convencí de que era lo que quería para mi bebé.

Pero como en muchos aspectos de mi maternidad, tocó enfrentar las expectativas contra la realidad. Y es que según el informe de alta del hospital, Cachorrín nación con frenillo sublingual tipo 2. Y aunque a día de hoy hay muchas teorías sobre si el frenillo interfiere o no en la lactancia y las frenectomías ya no se realizan de forma sistemática, dentro de mi experiencia yo tengo que decir que SÍ nos afecto.Cuando me decidí por la lactancia materna exclusiva y a demanda, quise estar todo lo informada posible. En las clases de preparación al parto nos hicieron una introducción a la lactancia muy buena, nos pusieron al día de las corrientes actuales, nos enseñaron posturas…etc. Además de leer varios libros sobre embarazo donde hablaban de lactancia (me encantó uno que lo hace en exclusiva, el famoso Un regalo para toda la vida de Carlos Gonzalez) terminé de cónvencerme si es que quedaba alguna duda. Con esto, me creía preparadísima hasta que llegó la hora del estreno.

Después de mi parto no respetado (del que ya os hablaré en otra ocasión) las primeras experiencias no ayudaron. Cuando por fin pude poner al pecho al pequeñín (después de interrumpir lo que yo quería fuese un contacto piel con piel, me cuesta todavía pensar en esto sin estar al borde de las lágrimas), se agarró sin problemas a pesar de la insistencia de la enfermera de que con ese frenillo no iba a poder mamar y estar estrujándome el otro pecho a la voz de “lo sabía, no tienes leche, sólo agua” mientras el calostro salía sin problemas (las experiencias con las enfermeras durante mi estancia en el hospital dan también para largo y tendido…) A día de hoy, al menos en mi caso, creo que la falta de apoyo de personal sanitario afectó mucho al empezar con mal pie.

Cachorrín dormía poco ya en los primeros días de vida y durante las noches lloraba muchísimo, no conseguía agarrarse al pecho (a pesar de haberlo hecho cuando nació) y cuando llamaba a las enfermeras no sé si por desconocimiento o pasotismo pero no eran capaces de ayudarme e insistían en que eso se solucionaba con un buen biberón. Recuerdo los días de hospitalización con bastante angustia. 

Al ver que mi bebé no conseguía engancharse correctamente, después de decirme dos pediatras que no era recomendable realizar una frenectomía, escuchar las constantes retahílas de la familia que por desgracia muchas de nosotras hemos tenido que escuchar (“no tienes leche”, “tu leche no le alimenta”, “pobrecito mira que hambre tiene”…) finalmente con muchísima muchísima pena, me rendí a la fórmula. Era algo que nunca creí que iba a pasarme, tenía las ideas muy claras y aún así… También influyó que la subida de la leche en mi caso se produjo bastante tarde y no fue hasta el quinto o sexto día que noté los pechos hinchados y empecé a ver salir la leche por las mañanas principalmente. Pero yo seguía teniendo muy seguro que quería dar la teta así que a pesar de las grietas y los problemas de agarre, seguí dándole el pecho al Cachorrín y cuando me rendía a la presión, recurriendo al biberón. Estando en el postparto os podéis imaginar donde la tristeza ya espera a cada vuelta de esquina lo que era darle leche de fórmula cuando estaba totalmente en contra…

Otro inconveniente fue que un mes antes de dar a luz trasladaron a mi matrona a la cual adoraba y no conocía a la nueva con lo que no sentí la necesidad después de mi mala experiencia con las enfermeras de llamarla hasta que fui a la primera revisión después del parto. Mi nueva matrona resultó ser un encanto y después de corregirme la postura, movió los hilos para realizar la frenectomía ya que en este caso el frenillo si estaba interfiriendo con la lactancia. Fue ella la que me animó a abandonar la leche de fórmula y por fin, a menos de una semana de haber empezado, desterramos definitivamente los biberones y empezamos con lactancia materna exclusiva para mi absoluta felicidad. Consiguió que recuperase una confianza en mí que creí haber perdido del todo el día del parto y a partir de este punto tenía muy claro que contra viento y marea.

Cuando el cachorrín tenía 18 días le cortaron el frenillo. Fue la propia pediatra en el hospital, no tardaron más de 15 minutos y apenas lloró. Al volver lo pusimos al pecho pero yo no noté mejoría. En un principio creí que era pronto, así que dejé pasar los días hasta que casi tres semanas después y viendo que la cosa no mejoraba decidí ir a ver a una asesora de lactancia. Ella tenía la misma opinión que yo, que la lengua no había quedado bien desanclada y nos recomendó acudir a una fisioterapeuta experta en lactancia.

A punto de agotar todos los cartuchos posibles dejamos pasar un par de semanas más por si la cosa mejoraba y finalmente fuimos a la fisio. En pocas sesiones la cosa cambió bastante, principalmente porque Cachorrín tenía una contractura en el cuello que era el motivo de que no quisiese el pobre ni ver la teta izquierda, por la postura. Entre otras nos recomendó una serie de ejercicios para hacer a diario que ayudaron.

A grandes rasgos este es el resumen de lo que pasamos. Actualmente y con 4 meses recién cumplidos de nuestro peque creo que lo peor a pasado y como decía al principio del post, no cambiaría darle el pecho por nada, por muchas dificultades que hayan surgido la lactancia me sigue pareciendo maravillosa (aunque mejor no haberme preguntado hace dos meses porque seguramente no habría contestado lo mismo).

Y siento la necesidad de volver a puntualizar que mi experiencia es una lactancia al borde del fracaso y que no tiene que ser ejemplo de nada; dar de mamar NO tiene que doler, no hay que aguantar a ver si la cosa mejora ni abandonar si es tu deseo dar la teta, hay muchas otras alternativas y la primera es buscar ayuda, bien a través del personal sanitario (las matronas principalmente) u otras opciones como pueden ser los grupos de apoyo de madres lactantes o las asesoras de lactancia (podéis informaros a través de La Liga de la Leche) o incluso foros de ayuda como el de albalactancia.

Animaos a comentar, me encantaría compartir nuestras experiencias bien con LM o con LA, esas primeras horas y como decidisteis la alimentación para vuestr@s peques.

2 pensamientos en “Mi lactancia materna (frenillo sublingual corto)

  1. mamascherokee

    Ánimo! Mira lo bien que ha salido todo al final, y eso es lo más importante!! Creo que pedir ayuda es muy importante! bien hecho! Genial que en esta semana publiques cosas relacionadas con la LM! Me encanta!!

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    1. Maybe Autor

      Gracias, cielo. Hubo momento de estar al borde de todo pero no sé, abandonar no era una opción.
      Ojalá pudiese en ese momento haber mirado por un agujerito y ver hoy lo bien que va todo.

      Un besazo

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